Atacama se puede recorrer en tres días a las carreras, entre tour y tour, o en siete días caminando poco, mirando mucho y volviendo dos veces al mismo lugar a distintas horas. La segunda opción, casi siempre, es la buena.

Día 1 · Llegada y aclimatación

San Pedro está a 2.400 metros. La primera tarde se camina poco, se bebe mucha agua y se cena temprano. Recomendamos el Café Adobe para una entrada tranquila.

Día 2 · Valle de la Luna al atardecer

Sin apuro. Llegar dos horas antes del ocaso, caminar la duna mayor con calma y quedarse en silencio los últimos veinte minutos. El color de la cordillera de la Sal cambia cada dos minutos.

Día 3 · Lagunas altiplánicas

Miscanti y Miñiques, temprano. A 4.200 metros el aire pesa, pero la luz de la mañana en el agua vale la caminata corta. Almuerzo en Socaire, quínoa con cordero.

Día 4 · Día sin plan

Un día entero en el hotel, o en la piscina, o leyendo bajo un tamarugo. Atacama premia el descanso. Los mejores viajes de altura incluyen días vacíos.

Día 5 · Géiseres del Tatio y Machuca

Salida a las cinco de la mañana, sí, pero el retorno por Machuca —almuerzo de empanadas de queso de cabra y sopaipillas— compensa el madrugón. Volver a San Pedro al mediodía y dormir la siesta.

Día 6 · Salar de Atacama y baño en Cejar

El baño en la laguna Cejar, con su salinidad extrema, es una experiencia física distinta. Ir en la mañana temprano, cuando no hay nadie. Almorzar en Baltinache.

Día 7 · Silencio y vuelta

Última mañana caminando por el pueblo antes del vuelo. Un café en La Franchuteria, un pan de masa madre para el camino y el resto es memoria.

Dónde alojarse

Recomendamos Awasi para quienes buscan guía privado y menú personalizado; Tierra Atacama para una experiencia de spa integrada; y, para presupuestos más contenidos, Terrantai, un hotel boutique en piedra volcánica en pleno centro de San Pedro.

Atacama enseña una lección incómoda: casi siempre viajamos demasiado rápido. La altura, sin proponérselo, obliga a hacerlo bien.