La idea del guardarropa cápsula no es nueva, pero rara vez se aplica bien. Se trata, en rigor, de una selección corta de prendas que combinan entre sí, que están hechas para durar y que se compran una sola vez. Esta temporada, siete piezas de autoras chilenas alcanzan para vestir el otoño entero con criterio.

Las siete piezas

1. Un abrigo largo de lana virgen. El de Ansa, en camel o gris topo, con hombros construidos y sin forro. Sirve para la oficina, para un asado en Cachagua y para cinco inviernos más.

2. Un pantalón sastre de lana fría. Casa Marca lo hace en negro y en verde botella. Corte alto, pierna recta, botamanga sin doblar. Va con zapatillas blancas y con botín de tacón.

3. Una camisa blanca de algodón grueso. No la de vestir, la de sábado. Elemental tiene una con puño abierto que resiste mil lavadas.

4. Un chaleco de punto grueso. Voz trabaja con lana de oveja chilota hilada a mano. El modelo overside en avena es un básico honesto.

5. Un jean recto sin lavado. Colectivo Vergara hace uno en denim japonés que envejece bonito.

6. Un vestido midi de lana fina. Manga larga, cuello redondo. Rocío Fatás lo repite cada temporada porque funciona.

7. Un par de botines de cuero. Nomad hace un botín corto, sin adornos, en cuero vegetal. Se pone con todo lo anterior.

Por qué funciona

Estas siete prendas combinan entre sí sin esfuerzo. Se pueden lavar en casa (salvo el abrigo), se pueden guardar sin arrugar y sobreviven varios inviernos. La inversión inicial es mayor que en fast fashion, pero el costo por uso, después del segundo año, es imbatible.

Comprar así requiere paciencia. Se arma la cápsula en dos temporadas, no en una tarde. Pero el guardarropa que queda es, por fin, uno que uno reconoce como propio.