Antes de encender la primera olla, antes de recibir al primer proveedor, las cocineras tienen sus propios rituales. Preguntamos a tres de las que más admiramos cómo empieza su día, y sus respuestas dicen mucho de cómo cocinan.
Rocío Herrera · Demencia
"Me despierto a las seis. Silencio absoluto, sin celular. Preparo un espresso doble en cafetera italiana, siempre la misma. Leo veinte minutos de literatura, no de gastronomía. Después camino veinte minutos hasta el mercado. Ese trayecto es cuando pienso el menú del día. Cuando llego a la cocina ya sé qué voy a cocinar, aunque todavía no lo haya elegido."
Carolina Bazán · Ambrosía
"Empiezo con agua tibia y limón. Después un café largo con leche vegetal, sin azúcar. Meditación breve, diez minutos. Un desayuno serio: huevos, palta, pan de masa madre. Cocinar cansa físicamente, y hay que llegar con energía real, no con adrenalina. Si desayuno mal, me arrepiento a las tres de la tarde."
Kurt Schmidt · Sinouk
"Corro. Cuarenta minutos, todos los días, aunque llueva. Es la única hora del día en que no pienso en cocina. Después ducha fría, café, un yogur con granola. A las nueve entro al restaurante y ahí ya no hay pausa hasta la medianoche. El único momento propio es el de la mañana."
Un patrón
Ninguna de las tres respuestas incluye pantallas. Ninguna incluye desayunos gigantes. Todas incluyen movimiento, silencio y un ritual repetido. Cocinar profesionalmente es un trabajo físico y emocional; el ritual de la mañana es lo que hace posible el resto del día.
Es, quizás, una lección para quienes trabajamos con menos exigencia física pero igual necesidad de foco: veinte minutos propios al despertar valen más que dos horas robadas después.



